domingo, 4 de agosto de 2013

Todo les sucedía como un ejemplo

Te enseña el Apóstol que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar. Y en el cántico de Moisés leemos: Sopló tu aliento y los cubrió el mar. Te das cuenta de que el paso del mar Rojo por los hebreos era ya una figura del santo bautismo, ya que en él murieron los egipcios y escaparon los hebreos. Esto mismo nos enseña cada día este sacramento, a saber, que en él queda sumergido el pecado y destruido el error, y en cambio la piedad y la inocencia lo atraviesan indemnes.

Oyes cómo nuestros padres estuvieron bajo la nube, y una nube ciertamente beneficiosa, ya que refrigeraba los ardores de las pasiones, carnales; la nube que los cubría era el Espíritu Santo. El vino después sobre la Virgen María, y la virtud del Altísimo la cubrió con su sombra, cuando engendró al Redentor del género humano. Y aquel milagro en tiempo de Moisés aconteció en figura. Si, pues, en la figura estaba el Espíritu, ¿no estará en la verdad, siendo así que la Escritura te enseña que la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo?

El agua de Mara era amarga, pero Moisés echó en ella un madero y se volvió dulce. De modo semejante, el agua, sin la proclamación de la cruz del Señor, no sirve en absoluto para la salvación; pero cuando ha sido consagrada por el misterio de la cruz salvadora, entonces se vuelve apta para el baño espiritual y para la bebida saludable. Pues del mismo modo que Moisés, el profeta, echó un madero en aquella agua, así ahora el sacerdote echa en ésta la proclamación de la cruz del Señor y el agua se vuelve dulce para la gracia.

No creas, pues, solamente lo que ven tus ojos corporales; más segura es la visión de lo invisible, porque lo que se ve es temporal, lo que no se ve eterno. La visión interna de la mente es superior a la mera visión ocular.

Finalmente, aprende lo que te enseña una lectura del libro de los Reyes. Naamán era sirio y estaba leproso, sin que nadie pudiera curarlo. Entonces, una jovencita de entre los cautivos explicó que en Israel había un profeta que podía limpiarlo de la infección de la lepra. Naamán, habiendo tomado oro y plata, se fue a ver al rey de Israel. Este, al saber el motivo de su venida, rasgó sus vestiduras, diciendo que le buscaban querella al pedirle una cosa que no estaba en su regio poder. Pero Eliseo mandó decir al rey que le enviase al sirio, para que supiera que había un Dios en Israel. Y cuando vino a él, le mandó que se sumergiera siete veces en el río Jordán. Entonces Naamán empezó a decirse a sí mismo que eran mejores las aguas de los ríos de su patria, en los cuales se había bañado muchas veces sin que lo hubiesen limpiado de su lepra, y se marchaba de allí sin hacer lo que le había dicho el profeta. Pero sus siervos lo persuadieron por fin y se bañó, y, al verse curado, entendió al momento que lo que purifica no es el agua, sino el don de Dios.

El dudó antes de ser curado; pero tú, que ya estás curado, no debes dudar.



San Ambrosio de Milán
Tratado sobre los misterios (12-16.19: SC 25bis, 162-164)

sábado, 3 de agosto de 2013

Una Meditación y una Bendición

Renacemos del agua y del Espíritu Santo

¿Qué es lo que viste en el bautisterio? Agua, desde luego, pero no sólo agua; viste también a los diáconos ejerciendo su ministerio, al obispo haciendo las preguntas de ritual y santificando. El Apóstol te enseñó, lo primero de todo, que no hemos de fijarnos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno. Pues, como leemos en otro lugar, desde la creación del mundo, las perfecciones invisibles de Dios, su poder eterno y su divinidad son visibles por sus obras. Por esto, dice el Señor en persona: Aunque no me creáis a mí, creed a las obras. Cree, pues, que está allí presente la divinidad. ¿Vas a creer en su actuación y no en su presencia? ¿De dónde vendría esta actuación sin su previa presencia?

Considera también cuán antiguo sea este misterio, pues fue prefigurado en el mismo origen del mundo. Ya en el principio, cuando hizo Dios el cielo y la tierra, el espíritu —leemos— se cernía sobre la faz de las aguas. Y si se cernía es porque obraba. El salmista nos da a conocer esta actuación del espíritu en la creación del mundo, cuando dice: La palabra del Señor hizo el cielo; el espíritu de su boca, sus ejércitos. Ambas cosas, esto es, que se cernía y que actuaba, son atestiguadas por la palabra profética. Que se cernía, lo afirma el autor del Génesis; que actuaba, el salmista.

Tenemos aún otro testimonio. Toda carne se había corrompido por sus iniquidades. Mi espíritu no durará por siempre en el hombre —dijo Dios—, puesto que es de carne. Con las cuales palabras demostró que la gracia espiritual era incompatible con la inmundicia carnal y la mancha del pecado grave. Por esto, queriendo Dios reparar su obra, envió el diluvio y mandó al justo Noé que subiera al arca. Cuando menguaron las aguas del diluvio, soltó primero un cuervo, el cual no volvió, y después una paloma que, según leemos, volvió con una rama de olivo. Ves cómo se menciona el agua, el leño, la paloma, ¿y aún dudas del misterio?

En el agua es sumergida nuestra carne, para que quede borrado todo pecado carnal. En ella quedan sepultadas todas nuestras malas acciones. En un leño fue clavado el Señor Jesús, cuando sufrió por nosotros su pasión. En forma de paloma descendió el Espíritu Santo, como has aprendido en el nuevo Testamento, el cual inspira en tu alma la paz, en tu mente la calma.


San Ambrosio de Milán
Tratado sobre los misterios (8-11 SC 25bis, 158-160)

viernes, 2 de agosto de 2013

Una Meditación y una Bendición

Catequesis sobre los ritos que preceden al bautismo

Hasta ahora os hemos venido hablando cada día acerca de cuál ha de ser vuestra conducta. Os hemos ido leyendo los hechos de los patriarcas o los consejos del libro de los Proverbios a fin de que, instruidos y formados por estas enseñanzas, os fuerais acostumbrando a recorrer el mismo camino que nuestros antepasados y a obedecer los oráculos divinos, con lo cual, renovados por el bautismo, os comportéis como exige vuestra condición de bautizados.

Mas ahora es tiempo ya de hablar de los sagrados misterios y de explicaros el significado de los sacramentos, cosa que, si hubiésemos hecho antes del bautismo, hubiese sido una violación de la disciplina del arcano más que una instrucción. Además de que, por el hecho de cogeros desprevenidos, la luz de los divinos misterios se introdujo en vosotros con más fuerza que si hubiese precedido una explicación.

Abrid, pues, vuestros oídos y percibid el buen olor de vida eterna que exhalan en vosotros los sacramentos. Esto es lo que significábamos cuando, al celebrar el rito de la apertura, decíamos: «Effetá», esto es: «Abrete», para que, al llegar el momento del bautismo, entendierais lo que se os preguntaba y la obligación de recordar lo que habíais respondido. Este mismo rito empleó Cristo, como leemos en el Evangelio, al curar al sordomudo.

Después de esto, se te abrieron las puertas del santo de los santos, entraste en el lugar destinado a la regeneración. Recuerda lo que se te preguntó, ten presente lo que respondiste. Renunciaste al diablo y a sus obras, al mundo y a sus placeres pecaminosos. Tus palabras están conservadas, no en un túmulo de muertos, sino en el libro de los vivos.

Viste allí a los diáconos, los presbíteros, el obispo. No pienses sólo en lo visible de estas personas, sino en la gracia de su ministerio. En ellos hablaste a los ángeles, tal como está escrito: Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es un ángel del Señor de los ejércitos. No hay lugar a engaño ni retractación; es un ángel quien anuncia el reino de Cristo, la vida eterna. Lo que has de estimar en él no es su apariencia visible, sino su ministerio. Considera qué es lo que te ha dado, úsalo adecuadamente y reconoce su valor.

Al entrar, pues, para mirar de cara al enemigo y renunciar a él con tu boca, te volviste luego hacia el oriente, pues quien renuncia al diablo debe volverse a Cristo y mirarlo de frente.

Comienza él tratado sobre los misterios (1-7: SC 25bis, 156-158)

jueves, 1 de agosto de 2013

Una Meditación y una Bendición

Institución del culto en espíritu y en verdad, por obra de los oráculos evangélicos

La ley se dio por Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. Llama gracia y verdad a la institución del culto en espíritu y en verdad, por obra de los oráculos evangélicos, institución que va íntimamente ligada al poder y la fuerza. Era, en efecto, conveniente que Moisés, siendo siervo, fuese ministro de una sombra llamada a desaparecer; mientras que, quien es eterno, esto es, Cristo, fuese el revelador del culto eterno y permanente.

Cuál sea en realidad aquella eterna alianza, que Cristo consumará por medio de la fe en cuantos se acerquen a él, lo aclara al añadir a renglón seguido: las promesas santas hechas a David son fieles. Con estas palabras quiere significar: o que la promesa relativa a Cristo, salvador de todos nosotros, hecha al santo David, hay que hacerla extensiva a los gentiles que se convierten; o bien llama divinas y sagradas a las profecías referentes a Cristo, nacido del linaje de David según la carne. Y las llama santas porque hace santos a cuantos las reciben: del mismo modo que califica de «puro» al temor de Dios porque purifica, y «vida» al mensaje evangélico por cuanto comunica vida. Dijo efectivamente Cristo: Las palabras que os he dicho son espíritu y vida, es decir, espirituales y vivificantes.

Son, pues, santas porque santifican y hacen justos e irreprensibles a cuantos las aceptan; y son fieles, porque suscitan la fe y generan la estabilidad en la fe y la piedad en la vida de todos los que las acogen. Esta es la fuerza y la eficacia de los vaticinios de Cristo. Al mencionar a David, es decir, a Cristo nacido del linaje de David según la carne, dijo seguidamente de él: A él lo hice mi testigo para los pueblos, caudillo y soberano de naciones. De este modo atestigua que nuestro Señor Jesucristo enriquece con la luz del verdadero conocimiento de Dios a la multitud de los pueblos, en la medida en que son capaces de recibirla, es decir, en la medida en que la desean sin oponer resistencia. Dijo, en efecto, por medio de la lira del salmista: Oíd esto, todas las naciones, escuchadlo, habitantes del orbe: plebeyos y nobles, ricos y pobres. Mi boca hablará sabiamente, y serán muy sensatas mis reflexiones. Era necesaria, realmente necesaria, la sabiduría y la inteligencia a quienes habían errado, adorando con increíble ligereza la criatura en vez de al Creador, llamando dioses al leño y a la piedra.

Además, la Palabra se hizo carne: y les sugiere la razón diciendo: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos. Estas fueron efectivamente las enfermedades de los paganos, pero gracias a él fueron redimidos. Pues fueron enriquecidos por él con el don de la sabiduría, pasando a ser capaces de comprender; ya no poseen un ánimo enfermizo y quebrantado, sino sano y capaz de emprender y llevar a término cualquier obra buena y que conduzca a la salvación.

Comentario sobre el libro del profeta Isaías (Lib 5, t 2: PG 70, 1223-1226)